El Gas Natural Licuado (GNL), el combustible del futuro para la industria de cruceros

GNL

El Gas Natural Licuado está aquí para quedarse. Se trata de un combustible que prácticamente consigue evitar la emisión de partículas y óxidos de azufre (SOx) al mar y que al mismo tiempo, reduce significativamente la emisión de óxidos de nitrógeno y CO2. El auge del GNL se hace cada vez más patente en medidas como la que ha tomado Shell España al asociarse a Gasnam para potenciar todavía más su uso.

Según la presidenta de Shell España, Natalia Latorre: “El GNL es un combustible viable para un transporte más limpio y más sostenible que ofrece potencialmente beneficios económicos y medioambientales para los operadores de flotas de buques de gran tonelaje”. 

El primer crucero del mundo propulsado por este combustible es el AIDAnova, propiedad de la compañía Carnival Corporation,que atracó en el Puerto de Barcelona a finales del mes de abril. Durante la visita el presidente de AIDA, Felix Eichhorn, anunció la apuesta que su grupo está realizando por el GNL: “Estamos muy orgullosos de operar el crucero más respetuoso con el medio ambiente y continuaremos por este camino”. Además, AIDA Cruises incorporará en el mes de octubre el Costa Smeralda, que también será propulsado por Gas Natural Licuado.

La contaminación de los cruceros en España

España, Italia y Grecia son los países europeos más expuestos a la contaminación por SOx generada por los cruceros, según los datos del informe publicado por Transport & Environment con motivo del Día Internacional del Medio Ambiente. El documento también refleja que son Barcelona, ​​Palma de Mallorca y Venecia, por ese orden, las ciudades portuarias europeas más afectadas. Concretamente los cruceros que llegaron a Palma en 2017 emitieron casi 10 veces más SOx que los coches de la ciudad.

Una información que niega la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA), que manifestó su rechazo al informe y reivindicó el compromiso de la industria por la sostenibilidad. También señaló que el análisis de Transport & Environment se publicó sin ningún tipo de revisión de la comunidad científica.

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