Santillana, un abrazo entre el mar y la montaña

PABLO LÓPEZ / 

Santillana del Mar en cifras

Población: 4.172 habitantes
Superficie: 28,46 kilómetros cuadrados
Altitud: 82 metros sobre el nivel del mar
Ubicación:
43°23′36″N 4°06′17″/ Por carretera: 30 kilómetros a Santander y 434 a Madrid
Alojamientos:
4.000 plazas
Fiestas: Santa Juliana (28 de junio)

Tesoros en el corazón de Cantabria

Santillana del Mar es un lugar de poder. Algo especial tienen esta localidad cántabra y los parajes naturales que la rodean para que los eligieran para vivir los hombres prehistóricos que plasmaron su visión del mundo en Altamira, las tribus que se asentaron en las alturas del Castro de El Cincho y la nobleza que enriqueció la villa con sus torres y palacios. Esa magia se ha mantenido con el paso de los siglos y ha convertido a este pueblo, situado entre el mar y la montaña, en un destino turístico de primer orden, que en los meses veraniegos llega a quintuplicar su población y que cuenta con tantas plazas de alojamiento como vecinos.

Una situación privilegiada dentro de Cantabria, a 30 kilómetros de Santander y a 19 kilómetros de Comillas, convierte a Santillana del Mar en la base logística perfecta para que pernocten quienes desean recorrer toda la comunidad autónoma, un atractivo que se suma a los que ya tiene este destino por sí mismo pues, sin salir del municipio, es posible realizar actividades tan diversas como rutas de montaña, paseos por la costa, visitas culturales y degustaciones gastronómicas.

Por su carácter simbólico, las cuevas de Altamira y su entorno son un buen punto de partida para quienes llegan a Santillana del Mar. Cierto es que la cueva original, la que tiene pinturas con más de 36.000 años, está cerrada al turismo y que solo los investigadores y algunos privilegiados pueden acceder a ella, pero también lo es que la combinación de visualizar la réplica y el paisaje permite que nos hagamos una idea acerca de cómo vivían los pobladores prehistóricos y descubramos por qué eligieron un lugar como ese para asentarse.

Bisonte en la cueva de Altamira

Una vez conocida la llamada Capilla Sixtina del arte rupestre, y después de un tiempo de descanso para recuperar fuerzas, es un buen momento para dar un paseo por la montaña y ascender al Castro de El Cincho, asentamiento donde vivieron antiguas tribus cántabras al que se llega a través de una ruta de senderismo y un maravilloso mirador desde el que pueden avistarse el mar Cantábrico, los Picos de Europa y unos paisajes con mucho verde. Es casi seguro que fueron esas vistas las que movieron a los primeros cántabros a asentarse en el aquí y es que dicen los que conocen bien el lugar que, en días despejados, puede divisarse incluso la Universidad Pontificia de Comillas.

Vistas desde El Cincho

Aunque los recursos naturales y paisajísticos son aspectos diferenciales de la comarca que encabeza Santillana del Mar, el núcleo urbano de esta localidad cuenta con un gran número de atractivos para los amantes de la historia y del arte, por algo es conocida como la villa de los palacios o villa de los escudos.

Por ser la santa a la que está dedicada la patrona que da nombre al pueblo, por su majestuosidad y por los tesoros que alberga; un recorrido por Santillana del Mar no puede dejar de lado la Colegiata de Santa Juliana. Al margen de su indudable valor arquitectónico, que requeriría un texto exclusivo para ser analizado de forma justa, cabe mencionar que una cruz de plata que se encuentra en el templo guarda supuestamente tres fragmentos de la cruz en la que murió Jesucristo, reliquias que llegaron allí para que los peregrinos que caminaban hacia Santiago de Compostela pudieran adorarlas.

Claustro de la Colegiata de Santa Juliana

Ciudad santa, por Santa Juliana, y noble, por el abolengo de las familias que, desde la Edad Media, escogieron la villa para levantar sus majestuosas casas. Pocos cascos históricos hay en España con semejante concentración de palacetes, torres y escudos heráldicos. Un paseo por Santillana del Mar es un recorrido por todos los estilos artísticos, desde el románico hasta el renacentista, durante el que los visitantes suelen contar los símbolos grabados sobre las piedras centenarias y comparar el tamaño y el diseño de los mismos.

El palacio de Velarde, las casonas de los Hombrones y de los Villa, las torres de Merino y de Don Borja son solo algunos ejemplos de edificaciones que demuestran el esplendor que esta localidad tuvo en diferentes momentos de la historia. Y para aquellos que gustan de presumir de sus viajes en las redes sociales está la Casa del Cura, que con las flores de sus balcones se ha convertido en uno de los mayores reclamos para los influencers de Instagram que pasan frente a ella.

Queda claro que Santillana del Mar es un buen lugar para quienes quieren empaparse de arte e historia pero, como ya se ha apuntado, también lo es para los amantes de la naturaleza y del disfrute al aire libre. Así, la ruta para coronar el Castro de El Cincho no es la única caminata disponible para los que quieren respirar aire puro y admirar hermosos paisajes.

La subida al monte Castillo, también conocido como pico de Vispieres es una opción interesante para contemplar Cantabria en toda su grandeza y con una visión de 360 grados. Costa y montaña confluyen en el paisaje que abarca la vista desde este lugar, en el que, además, hay una fortificación medieval del siglo XIV. Una prueba más del poder que los habitantes de esta comarca ostentaron a lo largo de los siglos.

Fortaleza medieval de Monte Castillo

¿Y si quieres mar en vez de montaña? Pues también hay una ruta para ti, concretamente la que recibe el nombre de Por el mar de Santillana, que lleva al visitante a conocer las ensenadas de Zapera y Puerto Calderón. La primera de estas ensenadas es una verdadera joya natural, un lugar para escuchar el mar y encontrarse con uno mismo; mientras que la segunda, de mayor tamaño, evoca recuerdos de los tiempos bélicos de la Segunda Guerra Mundial, en los que los nazis utilizaban sus aguas para fondear sus submarinos mientras obtenían aprovisionamientos.

Ensenada Zapera

Sabores de la tierra

Si por algo destaca la cocina cántabra que se puede degustar en Santillana del Mar es por la calidad de los productos con los que está elaborada y que, en gran parte, proceden de las explotaciones ganaderas, de los campos y del mar de la propia comunidad autónoma. La carne de la vaca Tudanca, uno de los animales totémicos de Cantabria; quesos con denominación de origen, como los quesucos de Liébana y el gómber; pescados frescos y dulces tan famosos como los sobaos y el bizcocho forman parte de la dieta de los vecinos y hacen las delicias de los visitantes.

Si hay un plato identificado con Cantabria es el cocido montañés que, por su contundencia, está más que recomendado para comer al mediodía y nada aconsejado para la cena. Alubias, chorizo, morcilla, carne… ¡Son muchos los ingredientes que caben en este cocido concebido para recuperar fuerzas y apto tanto para el verano como para el invierno!

Restaurantes para todos

Para degustar este plato y otros muchos de los que ofrece la cocina cántabra existe una amplia oferta de restaurantes. La preparación de Santillana del Mar para acoger el turismo hace que, a estos establecimientos más tradicionales, se sumen también otros con una cocina más vanguardista y los que, como es el caso de las pizzerías, están dirigidos a quienes buscan una opción más globalizada.

Una pizzería es, curiosamente, el establecimiento más valorado en Trip Advisor. Puede que el menú de Pizzería Bitinia no tenga mucho que ver con la dieta tradicional cántabra pero, con un 85% de valoraciones “excelentes” o “muy buenas” y con un rango de precios de entre 6 y 9 euros, vale la pena, cuanto menos, plantearse una visita.

El Bisonte Rojo, un establecimiento cuyos clientes destacan la calidad de su comida y la amplitud de los espacios, y El pasaje de los nobles, en el que por menos de 20 euros es posible disfrutar de un menú de alta calidad y cuyo cocido montañés recibe muy buenas críticas, ocupan el segundo y el tercer lugar en la lista del portal de internet.

Para los que buscan buena comida y un ambiente distinguido, está el Palacio de Mijares, un edificio cuyas salas acogen congresos y otros eventos que, además, cuenta con un restaurante. Platos de la gastronomía regional y unas excelentes carnes son dos de los puntos fuertes de la carta de este elegante establecimiento, que tiene un 85,6% de valoraciones “excelentes” o “muy buenas”.

Si lo que buscas es probar dulces de la tierra, tu sitio es Casa Quevedo, un obrador que existe desde hace cien años y que se encuentra cerca de la Colegiata. Si pasas por este local, que vende productos para llevar y que también cuenta con mesas, no dejes de degustar el bizcocho acompañado de un vaso de leche, toda una tradición en el pueblo. Casa Quevedo, a base de dulces y leche fresca de vaca, se ha posicionado en el quinto lugar de la lista de Trip Advisor.

Casa Quevedo, parada obligada para los amantes del dulce

Tantas plazas de alojamiento como vecinos

Santillana del Mar recibe miles de turistas, sobre todo en los meses veraniegos, y cuenta con una amplia oferta de establecimientos para recibirlos. En total, la villa y su término municipal cuentan con más de 4.000 plazas de alojamiento, repartidas entre 22 hoteles, 43 posadas cántabras, 8 viviendas rurales, 23 pensiones, 46 apartamentos, 23 pensiones, 2 cámpings y 3 albergues.

Además de contar con hoteles con diferentes calificaciones de estrellas y para todos los bolsillos, Santillana del Mar destaca por sus alojamientos rurales y, de hecho, acaba de ser nombrada como Capital del Turismo Rural para este año 2019.

La mejor época para visitar Santillana del Mar, debido a la masificación registrada durante la temporada alta, son los meses de mayo, junio y septiembre; que son los que ofrecen, al mismo tiempo, una agradable temperatura y un flujo de turistas nutrido, pero no saturado.

Si lo que se desea es participar de las costumbres locales, lo ideal es acercarse a Santillana del Mar en las fiestas en honor a su patrona, Santa Juliana, que tienen su día grande el 28 de junio. A los actos solemnes, como la procesión y la misa, se unen todo tipo de actividades del folclore tradicional, como degustaciones gastronómicas, certámenes de danza regional, pasacalles y un desfile de cabezudos.

 

 

 

 

 

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